Nosotros los piojosos

“Alerta: Temporada de piojos” dice el letrero que las escuelas de mis hijos cuelgan en su puerta de entrada durante el verano, año tras año.

Siempre lo había ignorado. Nunca había siquiera oído a algún amigo, vecino o compañero de trabajo hablar de ello. “¿Pero a quién le va a pasar eso? Sólo a alguien que no se bañe o esté totalmente descuidado” pensaba… Hasta que un buen día (o mal día, diría) cayó sobre mi familia tal tragedia.

Comenzó mi hija de 4 años. Llevaba dos días rascándose la cabeza a todas horas. La temperatura en aquellos días era de ~30 grados, así que pensé que la comezón era por tanto sudar. Y el baño diario no ayudaba a refrescarla. Noté que tenía “arena” en la cabeza, pero tampoco le dí importancia, pues suele jugar mucho en los areneros. Reaccioné hasta me llamaron para decirme que su mejor amiga tenía piojos. Entonces entendí por fin que las “arenas” eran liendres. Primero me estremecí de asco, y inmediatamente después comencé a sentir picazón. Y me rasqué. Y luego me rasqué más. ¿¿¿Hipocondría o yo también tenía piojos??? Como fuera, primero lo primero: los hijos. Colgué y corrí a revisarlos. Pero no caché a ninguno “vivito y coleando”.

Era la hora de comer, así que hice una pausa a la búsqueda, más no me ovidé del asunto. Mientras comíamos (yo, honestamente sin apetito), le observaba la cabeza a mi hija detenidamente. ¡Y entonces ví a un insecto trepando por un mechón de pelo detrás de la oreja! No puedo expresar el tipo de escalofríos que sentí…

PiojosInmediatamente fuimos hacia la farmacia. Yo, que infundadamente sentía vergüenza pensando en cómo me mirarían por pedir un shampoo anti-piojos, preferí enviar a mi esposo a pedirlo😀. Pero cuál fue mi sorpresa al ver los letreros “decorativos” del lugar: un par de piojos y una lendrera (peine especial para sacar piojos). ¡Era EL producto de temporada!

 

De regreso a casa, uno por uno nos duchamos con el producto especial y después nos pasamos el peine. El resultado -> Alessa: 14 piojos, Emilio: 1, Joaquín: 4 y yo: 7 (en la primera ronda, porque he de mencionar que fui la única que tuvo que repetir el tratamiento 2 veces más…). Muy panzoncitos, bien alimentaditos de nuestra sangre. De la sangre de mis hijos. De MIS hijos.

Se dice que una madre haría lo que fuera por sus hijos, pero nunca pensé que ésto incluiría tener la necesidad de pescar con mis propias manos (tragándome la repugnancia) a piojos y a sus huevos de los cabellos de mis hijos.

También se dice que el sol sale para todos, y ésto incluye claramente a los piojos. Supongo que también tienen su coranzoncito y quieren porvenir para sus -numerosas- familias. Al fin y al cabo, cada quien lucha por los suyos, ¿no?🙂.

Y hablando de familias, cuál fue mi sorpresa al escuchar que todos mis conocidos suecos (T-o-d-o-s) han pasado por eso en su infancia y/o con sus niños. “Claro, es algo natural que pasa cada verano” decían. Y la palabra “natural” (que tanto me gusta) se repetía en mi cabeza… ¿Pero qué no era estigma de pobreza y poca higiene? Por lo menos en México se suele pensar eso. “Piojoso” es incluso una palabra despectiva para referirse a alguien que vive en la miseria.

Pues no. Claramente no tiene que ver con miseria si a un país como Suecia le sucede. Pero, ¿por qué sucede entonces? Creo que la respuesta está precisamente en lo natural: la mayoría de los suecos no usan en sus retoños productos higiénicos tan abrasivos ni productos de belleza (como gel, spray, mousse, y ¡algunos hasta tintes!) ni tampoco los peinan como en México se hace (nótese que es más fácil para un piojo entrar en cabello suelto que en cabello recogido); además, los pequeños ni siquiera se sientan separados en pupitres, sino que andan más bien libres jugando unos sobre otros (literalmente), lo que representa mayor riesgo de pasarse los bichos.

Por cierto, un dato que me pareció interesante es que los tratamientos anti-piojos que venden son fórmulas que sofocan al piojo, más no los contaminan. De esta manera cuidan que los piojos no creen resistencia a los ingredientes de tales fórmulas y se convierta en el futuro en un riesgo mayor (como suele pasar, por ejemplo, con bacterias y antibióticos).

Como podrán imaginarse, la historia termina en un final feliz. Con una anécdota qué contar, y con un piojo que guardamos en el portaobjetos del microscopio infantil que tenemos en casa🙂 (para la posteridad). Y preparados para el año que entra con unas buenas botellas de spray de Aqua Net y gel de Alberto VO5 para comprobar si mi teoría es cierta😀.

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4 respuestas a Nosotros los piojosos

  1. Adriana dijo:

    Sony!!!! Qué barbaridad!!!! Pies si, que difícil enfrentar un problema como este, pero si nos ponemos a pensar q vives en un lugar con mucha vegetación, comparable con un pueblo de nuestro país, pues es lógico lo que te ocurrió, y, q es muy común que hasta te vuelva a ocurrir, pero al parecer, este problema se suscitó de manera de plaga también aquí el año pasado, con una amiga que llega a sus hijos en una escuela en la zona de Satelite, en una escuela x las torres.
    Saludos.

  2. Sonia Lopezcastro dijo:

    Por bocona, ya me reclamaron🙂. Hago la aclaración que no “todos mis conocidos suecos han pasado por eso en su infancia y/o con sus niños” (como escribí en el post): mi cuñado Robert aclara que ni él ni su esposa ni sus hijos han tenido piojos, aunque sí sucede en sus escuelas, en donde han implementado el programa “Jueves de lendrera”, donde ese día a todos los niños se les cepilla con el peine especial, para prevenir brotes :-s.

  3. Clay dijo:

    Qué risa Sony! Leo tu post y recuerdo la “Temporada de piojos” del Colegio Alemán, acá en México, donde mi hermana tuvo a sus hijos. Según muy “elitista” y muy “nice”, y resulta que también ahí se llenan de piojos! jajaja! Tal como lo comentas, mi hermana y sus alzadas amigas se ponían histéricas porque a los compañeritos les detectaban piojos! Pues si es algo que le puede pasar a cualquiera! Sólo es cuestión de estar pendiente de los niños, y rociarles su debido “antipiojos” y listo. Un abrazo!

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