¿Hablarles a mis hijos de Dios?

La luz de una vela siempre nos llama a mirarla. Aún más cuando está oscuro. Símbolo de solemnidad, amor, esperanza, tranquilidad. Mientras más la miras, en silencio, más te envuelve y te conecta con, no sé, algo más grande que nosotros y este mundo.

Tomé a esa luz como mi aliada una noche, para capturar la atención de mis hijos, e introducirles -con algunas dudas de mi parte- el tema de Dios.

Es verdad que desde que nacieron están acostumbrados a ir a la iglesia y saben que hay que guardar silencio, dar “la paz” a los de la banca de atrás y adelante, etc., pero lo hacen por mero hábito, realmente sin saber por qué vamos. Pero ¿están listos para una explicación de quién es Dios? ¿Entenderían algo tan “abstracto”? ¿Qué hay de los que dicen que los hijos deben de decidir si creer o no, y qué religión, cuando sean grandes?

-Nunca sabré si mi hijo está listo para algo si no lo intentamos juntos primero.

-El tema de Dios no tiene por qué ser complicado. Sembrar unas cuantas palabras sencillas y abonarlas constantemente con muchas acciones congruentes de amor.

-¿Decimos “No le he dado tortillas, porque quiero que cuando crezca decida por sí mismo si las quiere comer o no”? O “No lo mando a la escuela, porque él sabrá cuando crezca si es lo que quiere hacer”. Aún dándoles tortillas y enviándolos a la escuela, podrían decidir si lo quieren seguir haciendo o no cuando sean mayores de edad. Y si decidieran que no, por lo menos ya aprovecharon los carbohidratos y estudios (que les dimos bajo nuestra autoridad y disciplina mientras eran pequeños, por su propio bien) que se les quedan como parte de una base para el resto de su vida.  Pues de igual manera pienso que aplica la religión, el conocimiento de Dios y la espiritualidad. Así como somos responsables del desarrollo sano de su cuerpo y mente, mientras son niños, también somos responsables de la fortaleza de su alma.

En corto, esa fue la reflexión ante las dudas que tuve antes de todo ésto.

“Dios es el papá de todas las personas y vive en el cielo, y de Él son los árboles y las flores y los charcos en los que ustedes chapotean; Él nos ayudó a tu papá y a mí a conseguir nuestros trabajos, con los que ganamos dinero para comprar la comida de todos los días. Vamos a darle las gracias”, les dije. “Gracias Papá Dios”, dijo Emilio casi hipnotizado por la luz de la vela, y Alessa lo imitó: “Ashash Papá Osh”. Y después soltaron una carcajada.

Y así continuamos, sin saber yo con certeza si, por lo menos Emilio, había entendido. Hasta que un día, varias semanas después de ésto, escuchó Emilio en la televisión la palabra “invisible”. Me preguntó que qué significaba esa palabra, a lo que le dije que era “algo” que no podíamos ver, pero que estaba ahí. Y me dijo: “¡Ah! ¡Como Papá Dios!”. Y le dije que sí, mientras se me ponía la piel de gallina.

Otro día, pasamos por el parque justo en el momento en que un gato mató a un pájaro. Emilio estaba casi en shock por tal escena y, llorando desconsoladamente, me dijo que el pajarito ya estaba en el cielo con Papá Dios.

Con ésto caí en la cuenta de que los niños siempre está conectados a lo Divino. Sólo hay que definir con palabras lo que ellos naturalmente sienten.

Peter Seewald escribe: “En una ocasión le pregunté al cardenal Ratzinger cuántos caminos puede haber para llegar a Dios. Yo ignoraba cuál podría ser su respuesta. Podía contestar
que pocos o muchos. El Cardenal no necesitó mucho tiempo para responderme: tantos como hombres”.

Y de eso se trata. De buscar un camino, practicarlo, y entonces enseñarlo a nuestros hijos (uno no puede enseñar lo que no sabe o transmitir lo que no tiene, ¿verdad?). Algunos optarán por rezar, otros por orar, quizás asistir a la catequésis con las monjitas, ir a la iglesia, cumplir los sacramentos, poner un altarcito… Un camino, o varios caminos, que sean congruentes con el amor y los valores de nuestras acciones.

De otra manera, acabaríamos como diría aquel cantante guatemalteco “…de mi barrio la más religiosa era Doña Carlota, hablaba de amor al prójimo y me ponchó cien pelotas…”😀.

Uno de los recuerdos más bonitos que tengo de cuando era niña, es de estar acostada en mi cama con mi papá al lado una noche, explicándome con detalle cada línea del Padre Nuestro para que, en vez de decirlo como borreguito, lo dijera con conciencia y de corazón. Y agradezco tanto ser hija de dos personas que decidieron sí darme esa base no como una opción, sino como parte de una filosofía de vida, con teoría y con ejemplos, porque es precisamente ese Padre Nuestro que ellos me enseñaron quien me rescata frecuentemente de mis imperfecciones y mis faltas, y me consuela en mis caídas y mis soledades.

Seguro Él está y estará con nuestros hijos también. Qué mejor que hacérselos saber hoy.

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3 respuestas a ¿Hablarles a mis hijos de Dios?

  1. Ligia de la torre dijo:

    Excelentes tus artículos Sonia

  2. Carlos Lopez dijo:

    Hola Hermana:

    Como te lo redacté cuando fui a visitarte a Suecia, me dió mucha felicidad de ver a tu familia rezar todos juntos. Lo mismo te dije, recuerdas? que tal vez no sean del todo concientes, pero pues ya vez que solitos van soltando sus ocurrencias como las de “Frida” y “Hans y el bebé Matias”. Ya después tendrán su oportunidad de “seguir comiendo tortillas o no” jeje, en la confirmación, si ellos están contentos con su religión, que la hagan, si no, que no la hagan!!!! están en plena libertad.

    Lo de los caminos…. muy cierto. Siempre recuerdo el final de la película Benjamin Button:

    “algunos se sientan a ver el río; otros nacen con oído para la música; otros son artistas, otros hablan de shakespeare, otras nacieron para ser madres, “

  3. Carolina dijo:

    En realidad lo que tenía que comentar del tema de Dios es que son más que simples palabras, hay mucha gente que habla de Dios y se la pasa quejándose de todo, o piensa que por ser de una religión es mejor persona que otro, que habla y habla y sus palabras son vacías porque no hace nada por su prójimo o es demasiado egoísta, muchas cosas que no me laten de la religión, sin embargo creo en Dios y en el mensaje de amor a los demás, en fin, cosas así.

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